CYMERA_20141112_233943
EVANGELIZACIÓN
noviembre 12, 2014
Levante la mano a quién no le ha dolido el orgullo
octubre 2, 2015

CONTEXTO

Fabian Salazar Post

En nuestros días nos vemos abocados a una serie de cambios que parecen ser de tanta velocidad que difícilmente podemos adaptarnos a ellos. Se produce una enorme cantidad de conocimiento, los países y las naciones  parecen estar conectadas en todos los aspectos de la existencia, y cada vez más dependemos de nuestras “prótesis electrónicas”. Frente a tantos procesos que demostraría  el desarrollo de la humanidad,  se ve en contraste como una gran parte de la población mundial sigue pasando hambre, se consume en guerras fraticidas y   se constata una  progresiva destrucción del medio ambiente.  Ante estas situaciones como hombres y mujeres de fe no podemos quedar indiferentes. Y debemos asumir con seriedad la pregunta  ¿Cuáles respuestas se requieren a estos signos de los tiempos?

El Papa Francisco lo describe la situación contemporaneo de la siguiente manera

El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente. Muchos caen en él y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida. Ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado. Evangelli Gaudium 2

Como comunidad eclesial no nos es posible asumir posiciones de indiferencia o de escapismo espiritual que nieguen los cambios actuales y  que se vea con nostalgia los días pasados, pero a la vez tampoco podemos asumir una posición acrítica y en ocasiones cómplice de los estragos que puede causar una no adecuada adaptación de las poblaciones a los cambios producidos por la globalización tecnológica y cultural.  Es aquí donde debemos pedir al Dios de la vida nos otorgue la sabiduría para asumir nuestra historia desde los valores del evangelio.

Lo más doloroso parece ser, que estos cambios pueden generar nuevas víctimas, nuevos crucificados resultado del aislamiento, de la discriminación, el progresivo empobrecimiento y en ocasiones el etnocidio cultural que afecta a tantos pueblos. Se observa también en el contexto cotidiano como tantos jóvenes se pierden por la falta de oportunidades, las adicciones,  la victimización a causa de la violencia y la manipulación de sus cuerpos y mentes. Nos enfrentamos a un mundo capaz de destruirse por su egoísmo y por sus desmedidas ambiciones de poder. Es entonces que se hace urgente que miremos al Dios amoroso, al Resucitado como una opción que puede dar sentido a la existencia y a nuestro papel en el mundo desde el compromiso solidario del servicio a la humanidad.

El presente  escrito considera las escalas globales y no solo los pequeños grupos locales, ya que como nunca en la historia, tenemos la posibilidad que cada persona desde su computador pueda afectar   positivamente o de forma destructiva a toda la humanidad y la creación. Desde este horizonte se debe considerar la responsabilidad que tenemos como  creyentes, de iniciar procesos de auto revisión sobre nuestro actuar en el mundo, de nuestra presencia en el continente digital, de nuestra misión de anunciar a un Dios que se entrega por amor al ser humano.

Lo anterior nos pide explorar nuevos senderos y arriesgarnos por caminos  inéditos, que demuestren nuestra creatividad para dar respuesta a “coyunturas históricas cualitativamente nuevas con respecto a las del pasado, reclaman, en consecuencia, acentos nuevos también en la evangelización a fin de adecuarse a una nueva sociedad cuya apariencia se intuye o entrevé” (1). Pero este cambio no es cuestión de tener únicamente computadores o dispositivos móviles en las comunidades eclesiales sino en un cambio de actitud frente a la civilización que queremos construir y en qué medida esta se asemeja a una civilización del amor como lo propone el magisterio latinoamericano.

Bien lo menciona Illanes, los cambios del mundo de la vida y de la cultura van más allá de tener tecnología pues “la civilización contemporánea es no ya una civilización en la que hay tecnología – en un grado y otro siempre la ha habido” sino que es “una civilización tecnológica, una civilización que se configura y desarrolla en referencia a la técnica” (2).

Entre las características de esta civilización tecnológica podemos mencionar el hecho que “a diferencia de lo que acontecía en épocas pasadas, el poder no reside ya de modo decisivo en la fuerza física, sino en el acervo de reconocimientos, en la ciencia que, desplegándose en tecnología, otorga posibilidades nuevas y crecientes” (3). Es entonces cuando nos debemos preguntar ¿cuál es el patrimonio de conocimiento y sabiduría que como cristianos podemos aportar dentro de este contexto? Esto quiere decir que no bastará con ser una fuerza numérica como cristianos (masa) sino la calidad de los contenidos y de las propuestas de vida que podamos ofrecer (fermento).

Pero esta cultura tecnológica, como ya se había mencionado tiene una amalgama de contrastes que ahonda la diferencia entre pueblos y personas y que mientras aparece “el esplendor y la abundancia económica se topan con el hambre y la miseria que afligen a una parte grandísima de la humanidad; el avance cultural colisiona con el incontable número de analfabetos” además se encuentra que “el sentido de la libertad topa con la emergencia de nuevas formas de esclavitud social y psicológica; las corrientes de solidaridad universal se ven contrarrestadas por fuerzas antagónicas de signo racial, político, económico, ideológico, etc.” (4).

Pero frente a este contraste debemos nosotros como iglesia asumir un papel de acompañamiento de lectura profética pero a la vez confiar en el futuro, pues no es suficiente transmitir conocimientos sino  buscar un sentido. Como lo menciona BABIN “la tarea de dar forma (información) a nuestra sociedad se realizará, ante todo, por medio de la comunicación. Es evidente que la información no es el fin, el fin es la comunicación”  (5)

El uso de la tecnología dentro de esta nueva civilización, y en particular el desarrollo de las computadoras,  es también un llamado a sorprendernos de toda la creatividad humana y toda la potencialización que ha hecho de sus sentidos y facultades. En palabras de  McLuhan citado por Aguilar “la computadora es, bajo cualquier concepto el más extraordinario de los ropajes tecnológicos diseñados por el hombre, ya que es la extensión de nuestro sistema nervioso central” (6). Esta misma capacidad tecnológica nos abre nuevas puertas para anunciar el mensaje del Dios vivo a todos los rincones de la tierra y potenciar nuestro ser misionero y nuestra posibilidad de transformar la sociedad según los principios del reinado de Dios. Hoy más que nunca se hace evidente la intuición de Juan Pablo II de llamar a una nueva evangelización que aproveche todos los recursos que ofrece el contexto actual.

____________________________________________________________________________

(1) ILLANES, Luis José.  Desafíos Teológicos de la Nueva  Evangelización. En el horizonte del tercer milenio. Ediciones Palabras. 1999. España. Pag 34

(2) ILLANES, Luis José.  Desafíos Teológicos de la Nueva Evangelización. En el horizonte del tercer milenio. Ediciones Palabras. 1999. España Pag 61

(3) ILLANES, Luis José.  Desafíos Teológicos de la Nueva Evangelización. En el horizonte del tercer milenio. Ediciones Palabras. 1999. España Pag 65

(4)  MADRIGAL, Santiago. Las relaciones iglesia – mundo según el Vaticano II. En Teología y Nueva. 2001. Pag 47

(5) BABIN, Pierre.  Evangelizar a los jóvenes en la era de las comunicaciones.  En revista Misión Joven.  183.  1992. Pag 8

(6) AGUILAR, Luis. Cibersociedad, los reteos sociales ante un nuevo mundo digital. Mc Graw – Hill. 1997. España Pag 7

11 Comments

  1. Internet es considerado por muchos un medio de comunicación y por otros un espacio para desarrollar actividades cotidianas.

    En éste, el continente digital, también llamado nuevo “foro”, nueva “ágora” y nueva “calle digital”, según Juan Pablo II, Benedicto VXI y Francisco, respectivamente, se movilizan, interactúan, trabajan, oran y se encuentran millones de personas, seres humanos que buscan a Dios.

    La buena nueva es que Él, Dios, también está vivo en este nuevo continente, habla en sus foros, visita su ágora, recorre sus calles y muestra caminos a las personas en-red-adas o confundidas… y allí se quedará para acompañar a sus hermanos y para mostrarles a su Padre.

    Jesús está en la red, actúa en ella, pero necesita que le ayudemos, que seamos sus discípulos misioneros, sus ciber evangelizadores (cfr. Mt 28, 19-20).

    El Espíritu Santo nos guiará, como lo hizo en la época apostólica, en esta nueva e_vangelización. Será Él quien nos enseñe y nos ayude a a comprender los nuevos lenguajes de la red y a las personas que lo buscan con sincero corazón.

  2. Eleví Santos Zavaleta dice:

    considero que es importante la responsabilidad que tenemos como creyentes de iniciar procesos de auto revisión sobre nuestro actuar en el mundo, de nuestra presencia en el continente digital, es decir, no podemos pretender que estamos evangelizando enviando mensajes, palabras de Jesús porque tenemos una página web; sino que, hay que formar un ministerio digital proponiendo a los misioneros digitales el nuevo rostro de Jesucristo mediante el acompañamiento y con la pedagogía de Jesús; encontrar a personas que tengan la capasidad de apasionarse y por nuestra parte reencantarles por el Evangelio, por el Reino de los cielos.
    Ciertamente, la responsabilidad que tenemos como creyentes es acompañar a estos misioneros digitales en el proceso de su vida, de su cotidianidad, siguiendo la pedagogía del Maestro de Nazaret que fue un formador por exelencia de sus discípulos. Él supo sacar un grupo de discípulos con temperamentos distintos, a saber: Pedro primario, Santiago y Juan ambiciosos, Natanael banidoso, Tomás incrédulo; dichas personas de la red del Maestro de Nazaret tuvieron una serie de fragilidades humanas. Sin embargo Jesús pudo ver en ellos, ante todo, la pasión por un ideal, por el Reino de los cielos, este es un valor muy importante del grupo de amigos de Jesús: la capasidad de apasionarse. Jesús con ellos recomienza una y otra vez y les acompaña siempre. Jesús es un Maestro del continuo reencanto. De hecho, el continente digital es un espacio donde hay muchos dioses; pero también es un lugar en donde acontece Dios, incluso es un espacio que tenemos que ir, porque hay gente que necesita del mensaje evangélico, del Reino de Dios.

  3. Mabel Córdoba Paladines dice:

    El mundo de la ciencia y la tecnología en relación con la religión, lo espiritual, la fe, etc… se ha convertido en un arduo campo de exploración para el anuncio del Reino de Dios. Se ve que la Iglesia Católica muy tímidamente se esta dando la oportunidad de conocer este campo para poder evangelizarlo, pero todavía hay mucho miedo, recelo y se ve como amenaza para la sana doctrina o el deposito de la fe. Será necesario volver a retomar la inculturación ? Pero…Qué se entiende por inculturación ? o se esta confundiendo con el sincretismo religioso. Si no hay claridad teológica fundamentada… Cómo se puede aportar con libertad y sin miedo a los nuevos areópagos de la evangelización?.

  4. Néstor Corredor Cáceres dice:

    Reflexionar sobre los retos de la nueva evangelización y la cultura nos lleva necesariamente a pensar en lo que significa los términos Nueva Evangelización, Cultura, Evangelio, Reino, Desafíos, Propuestas…, en fin, elementos constitutivos para una época de antaño que respondía o trataba de responder a los interrogantes del hombre en su contexto. Ahora, en estos nuevos tiempos, donde estamos sumergidos en la tecnología en sus diferentes manifestaciones que ha convertido al hombre en un “tecno-hombre” y donde se quiere responder a un nuevo contexto, quizás “tecno-contexto”, para un hombre tecnificado los términos de antaño se actualizan y desafían al evangelizador porque al querer aplicarlos, puede enredarse o perderse en el cómo hacerlo. Ahora bien, no debemos abordar ese nuevo continente olvidando la realidad en que vivimos que es excluyente, violenta, injusta, pecadora, donde se pasa hambre y deshumaniza, perdiendo la sensibilidad ante toda “miseria humana” porque serían caracterizaciones propias, por no decir vicios, que se llevarán a ese “nuevo continente”. Por eso un peligro pastoral inminente es abordar el nuevo continente sin preocuparnos por los males que pasa la realidad en que vivimos porque se debe saber que la tecnología lleva a olvidar a los pobres y ser indiferentes ante la miseria y la exclusión. En ese orden de ideas, el evangelizador tiene que vivir la Conversión Pastoral, ser persona de oración, de testimonio, para revestirse de Jesucristo y así, como hombre nuevo y sin desconocer el mal de injusticia, opresión, pobreza, pueda ir al encuentro del hombre y la mujer que está en el nuevo continente ávido de esperanza, de amor, de un encuentro con la persona de Jesucristo.

  5. Henry Santofimio dice:

    Tener un acercamiento a la realidad siempre será de vital importancia, pues a partir de allí podremos hacer una radiografía de nuestra “actividad evangelizadora”, y poder acercarnos conocer todo lo que la sociedad está proporcionando en cuanto a lo virtual.
    Es así que tenemos que ver con claridad y con sentido crítico lo que está sucediendo, pues no nos podemos quedar como simples espectadores que aprobamos o no dicha situación o por el contrario disque tomar posiciones neutrales para evitar cuestionamientos, o por decirlo así por evitar problemas y discriminaciones tecnológicas.

    Se ha creado un dependencia eso es cierto, pero no podemos irnos a los extremos, pues todo extremo es nocivo. No podemos quedarnos siempre haciendo fuerza y ahondado en el peligro o en el problema, es necesario trascender y así ver que se puede hacer frente a la nueva cultura la cual tiene más seguidores que nuestra misma evangelización.

    Es todo un reto como bien lo enuncia el autor, pero un reto que nos pide una posición, que nos pide un actuar y no solo seguir en las palabrerías de si estoy o no de acuerdo, si lo apruebo o no, es ir más allá, lo virtual existe y es una nueva sociedad, lo importante allí es preguntarme: ¿Cómo lo estoy afrontando como un evangelizador?, ¿hacia dónde estoy orientando mis conocimientos y mi vida de adhesión a Cristo?, pero demos una respuesta y revisémonos, para que luego proyectemos un trabajo desde el contexto social y tecnológico y así poder reto de la cibercultura, no como un peligro sino como un medio, como un acierto, como campo evangelizador.

  6. GUSTAVO ADOLFO PRADO SAAVEDRA dice:

    Considero muy acertado el que se nos invite a no desaprovechar este espacio digital como un “locus evangelizandum”(=un lugar que hay que evangelizar). En realidad, todo cuanto existe o aparece en el devenir histórico de la humanidad requiere la medicina sanante de la Buena Nueva de Jesús, dado que, per se, cuanto el ser humano –descendiente de Adán—ofrece es imperfecto. El progreso al que asiste el género humano tiene la posibilidad de volverse contra él, tal como proféticamente lo advertía Pablo VI en la “Populorum progressio”, si se pretende poner a un lado el carácter humano que le debe distinguir y que solo lo puede solventar plenamente Jesucristo, a tenor de lo enseñado por los Padres Conciliares en la G.S n.22.
    En este orden de ideas, quiero manifestar, sin embargo, que no me parece acertada la expresión siguiente de su escrito: “Es entonces que se hace urgente que miremos al Dios amoroso, al Resucitado como una opción que puede dar sentido a la existencia y a nuestro papel en el mundo desde el compromiso solidario del servicio a la humanidad”. En efecto, pierde fuerza el señalar al Resucitado como “una opción que puede dar sentido a la existencia”. Cristo Jesús se ha llamado a sí mismo como “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6) y Pedro en los Hechos de los Apóstoles ha dejado claro que “no hay otro nombre dado a los hombres para salvarse que Jesús” (4,12). No es pues, el Resucitado una opción. Es LA OPCIÓN; no es un camino, es EL CAMINO. Ya la declaración Dominus Iesus (2000) de la Congregación para la Doctrina de la Fe en el subtítulo de la misma advertía acerca de este carácter único de Jesús en aras de la salvación: “Sobre la unicidad y universalidad de la salvación en Cristo Jesús”, expresión que fue recibida con molestia por las demás confesiones religiosas, especialmente en el ámbito oriental.
    Valiente, me pareció de parte de la Iglesia, atreverse a expresar, no obstante la urticaria que sabía se despertaría, esta verdad inconcusa acerca de su Señor. Él no es, pues, para ser presentado como uno entre otros, como pretenden tan desacertadamente los teólogos de la denominada “teoría pluralista de la religión” (esto lo han puesto de manifiesto las teologías recientes de P. Knitter; J. Hick, W. Smith).
    Importante es volver sobre el ya citado pasaje de Hechos y destacar que el término onoma traducido por “nombre”, también significa “persona”, de manera que perfectamente se puede leer: No hay otra persona dada a los hombres para salvarse que Jesús. En la misma línea hallamos la expresión del himno cristológico citado por San Pablo en Flp 2,10: “Al nombre (=a la persona) de Jesús, toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra”. Ni qué decir de lo dicho por el mismo Jesús: “Nadie va al Padre, sino por mí” (Jn 14,6b).
    Convencernos de esta certeza hará que prestemos un mejor servicio al enrarecido ámbito del ciberespacio y cumplamos la misión de enseñar a todos a guardar todo lo que yo (Jesús) les he mandado (cfr. Mt 28,20).

  7. Dalton Xavier Reyes Martínez dice:

    Indudablemente estamos en un mundo que cambia día a día, minuto a minuto, los cambios y adelantos tecnológicos nos dan la sensación de que el mundo avanza más rápidamente de lo que era hace algunos años. Los valores humanos, las prioridades, metas, van siendo diferentes a lo que eran hace algún tiempo. En el campo espiritual podemos escuchar por todas partes la preocupación por las diferentes ofertas espirituales que existen, la desacralización, el avance del secularismo, etc. Surge entonces en muchos de nosotros una preocupante pregunta ¿Cómo evangelizar en estas nuevas realidades?, el miedo, el temor e incluso la impotencia de llevar el Evangelio nos embarga y se puede pensar que en este momento histórico es mucho más difícil evangelizar que en otras etapas de la humanidad. Pero en realidad la esencia humana no ha cambiado, el deseo del hombre de tener a Dios en su corazón no ha muerto, sigue latente y vivo, su afán de trascendencia no se ha perdido, pues de suyo el ser del hombre está orientado a Dios, así lo señala bellamente San Agustín de Hipona «Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».
    Todos los tiempos han sido difíciles, pero nunca han faltado hombres y mujeres dispuestos a llevar a Cristo hasta los confines del mundo, Santa Laura Montoya en sus diálogos místicos le decía a Jesús “Dos sedientos Jesús mío, Tú de almas y yo de saciar tu sed, ¿Qué nos detiene pues? Intrépidos que aún sin conocer sus campos de misión decidieron aventurarse para ganar almas para el cielo.
    El continente de la cibercultura no es la excepción y como todo proceso misional pide a gritos de hombres y mujeres enamorados de Dios que quieran hacer presente el nombre de Jesús en estos nuevos escenarios de misión. Enamorados tan profundamente que quieran que el nombre del Salvador sea conocido y amado. Para ello es necesario leer los signos de los tiempos, inculturizarse en este novísimo mundo cambiante y aun en exploración. Necesitamos como dice el documento de Aparecida una conversión pastoral y el deseo de aprender de esta cultura para en ella sembrar el evangelio de salvación. Este nuevo lugar es tierra del Espíritu Santo, donde nosotros muchas veces no sabremos qué hacer, pero el “Espíritu nos conducirá”, por ello necesitamos docilidad a su voz y decirle como la Santísima Virgen FIAT.
    La cibercultura es un reto misionero, donde el ardor y celo de anunciar a Jesús, debe pasar por la apertura de nuestra mente a los signos de los nuevos tiempos.
    “No me habéis elegido vosotros, he sido yo quien os he elegido y os he destinado a que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca” (Jn 15, 16)

  8. Sebastian López dice:

    Grandezas y pequeñeces, logros y retrocesos, evolución e involución, etc. No necesariamente por ser binomios antagónicos han de excluirse mutuamente. En efecto, la misma naturaleza nos lo presenta de esta manera. No obstante, el demostrado avance en las áreas del conocimiento humano pueden presentarse brechas que ese mismo avance impelería de suyo.

    A mi modo de ver, lo que inquieta en esta época como en otras (cifradas en mayor o menor medida) es la capacidad y la resolución del ser humano de decidirse a ser en proyección al futuro, la búsqueda incesante de novedad de nuestro hoy es una acelerada hambre de futuro, es una orden al tiempo para que avance mucho más rápido en orden a descubrir lo que hay en el más allá de lo inmediato.

    En tal virtud, la presencia cristiana en el continente web ha de ser como aquella que hable del futuro buscado con una categoría siempre nueva: la esperanza, la esperanza no es una realidad imaginable siquiera es un ya presente, es la vida comunicada en la persona de Jesús, decir esperanza es ver ya en Jesús, el salvador que actúa en este presente. En efecto, una renovada presentación de esta esperanza personificada dará muchas luces sobre la búsqueda desaforada de un futuro que se engulle en el eterno presente.

  9. Juan Carlos Acosta dice:

    Apropiado el título del apartado, pues realmente se convierten en “retos” para evangelizar la cultura posmoderna, como Iglesia debemos asumirlos y hacerles frente, no podemos vivir al margen de la esta nueva época ciberinformática; pues apenas hemos dado pasos incipientes en este nuevo continente de misión, y por ende es natural los reparos, temores, rechazos y hasta la sobredimensión que de este “nuevo universo” se pudiera tener.
    Siempre surge una perspectiva del “justo medio”, sin caer en absolutismos extremos, pues una magnificación de la cibercultura nos llevaría a una despersonalización del fiel, que rompe con el criterio de comunidad, en cambio, prescindir de este medio, que cada vez es más difundido, sería ser “más ciego que el que no quiere ver”. Sin embargo en este proceso de apropiamiento y conocimiento de las bondades y sombras de esta era digital, pueden presentarse algunos “caidos en batalla” como bien lo menciona el autor en este artículo se pueden generar: “nuevas víctimas, nuevos crucificados”, todos aquellos que no tienen acceso a los medios tecnológicos, me refiero a una grande población adulta, que son por mucho, quienes llenan nuestros templos, quienes han transmitido la fe de modo “oral” y “vivencial” y no están capacitados, ni lo quieren hacer, para adentrarse en este mundo para ellos desconocido, independientemente de las razones… la tendencia iconográfica y de redes a mi parecer quedan muy por debajo del profundo sentido del valor sacramental y comunitaria, de encuentro, de ser una iglesia en salida, como lo menciona el papa Francisco… precisamente el santo Padre, en Evangelii Gaudium (que también cita el auror del artículo) gasta varios numerales en resaltar el valor de la Palabra , oralmente transmitida, con el tono, la pasión, el apropiamiento, hasta el valor declamativo, de la Homilía, como recurso pedagógico, a ejemplo de Jesús, para llegar a las personas ávidas de una voz con autoridad, una voz que transmite no de modo frio, sino con rostro concreto . Por ello realmente es un Reto, conjugar los aspectos culturales actuales, para la población de mediana edad hacia abajo, y aquellos que ya han caminado bajo distintos esquemas de vivencia de fe… un reto que no podemos eludir, sino antes bien, convertirlo en punto de partida y recurso ética e idoneamente factible. Habrá que cuidar que nadie se sienta relegado, sino antes bien acogido dentro de la Iglesia, madre y maestra.

  10. Mario Arias dice:

    La actividad de hoy me ha parecido muy interesante. Me ha obligado a salir de mí mismo. Y el contenido de la presente pagina y reflexión, la veo bastante motivante. En términos de experiencia personal, me preocupa que me siento perteneciente a una categoría intelectual que para ser tal debe aislarse con el fin de lograr el desarrollo de sus actividades. Sigue siendo el mismo esquema tradicional, porque siento que el desafío está en el conocimiento, la calidad y profundidad del mismo.
    Precisamente con una pregunta en este horizonte comenzaba mi actividad de hoy: Hay alguna espiritualidad o alguna mística dentro de este vasto campo de las redes sociales? En el campo intelectual se les llama “la democratización del conocimiento”; o como lo experimentaban los profesores del video de ayer: “los estudiantes nos hacen quedar mal porque parecen conocer mas que el docente”. Así, la red(es) parecen ser un espacio en el que se compite por el conocimiento, de tal manera que el mas experto es el que aporte el dato mas antiguo, o en ciertos casos el más novedoso y deslumbrante. El mundo académico tendrá que abrirse mucho más. Benedicto XVI declaró abiertamente en el ultimo libro de su trilogía sobre “Jesús de Nazareth” que era necesario detenerse en medio de tantas teorías que en el campo bíblico estaban poniendo en crisis la asertividad de los fundamentos de la fe.
    Como quiera que lo haya expresado, no estamos en la época en la que el conocimiento se va a detener, pero si es necesario que al humanizar las nuevas tecnologías sea también humanizado su contenido que es el conocimiento.

  11. Fabián Salazar Guerrero dice:

    Agradezco sus comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *